Esteban Pérez @estebaton
Nos encontramos el 23 de noviembre, en el Sant Jordi Club, una sala no apta para cualquier artista. Estamos ante un espacio con gran capacidad para congregar público y con una acústica inmejorable. El concierto comenzaba a las 21:00, aunque se retrasó cinco minutos; la espera mereció la pena.
Aparece El Kanka en mitad del escenario, solo, sin apenas luces, intimista. Agarra su guitarra sin decir ni una sola palabra y, la primera que pronuncia, da pie a uno de sus grandes éxitos: Volar. Estuvo cantando prácticamente solo durante la mitad de la canción y, conforme se acercaba el final de la misma, comenzaron a llegar sus músicos y le acompañaron hasta que acabó la canción.
El resto del concierto fue una armonía perfecta entre el público y la banda de El Kanka. Todas las canciones fueron cantadas por el público y uno de los momentos fue cuando cantó su canción Andalucía. En ese momento apareció un espontáneo que sacó una bandera de Andalucía, sabiendo que esta canción la canta siempre y, aunque no esté en Andalucía, la gente se la reclama con mucho tesón.
Hubo otros grandes éxitos que no fueron cantadas como Desde Lejos, ya que es un pasodoble y aquí en Barcelona no es un estilo que esté muy de moda ni que se escuche demasiado.

Fuente: RTVE
Al final del concierto cantó dos canciones, quizás las más famosas del artista, de su primer disco: Canela en Rama y Qué Bello es Vivir. Si durante el concierto el público cantaba las canciones con el propio artista, con estas dos el público se volvió loco y subieron los decibelios de la sala. Parecía una hermandad, todos unidos.
Además de la música, durante el concierto El Kanka estuvo hablando de algunas anécdotas en Barcelona, ya que estuvo viviendo en la ciudad condal durante unos años, y presentando a sus músicos uno por uno.
Al final del concierto solo pudo dar las gracias al público, los propios espectadores le respondieron con un atronador aplauso durante algunos minutos y una ovación que ni el Papa cuando hay fumata blanca. Se marchó El Kanka y sus músicos, se apagaron las luces y, por desgracia, la fiesta, a la espera del próximo concierto.
«Se llevó una ovación que ni el Papa cuando hay fumata blanca»
Esteban Pérez, Periodista de guante blanco
2019